Los molinos harineros del Tajo de Ronda tienen un origen documentado en época andalusí, cuando fueron integrados en el sistema defensivo y productivo de la ciudad. Ubicados en la base del desfiladero del río Guadalevín, su funcionamiento dependía de una red de acequias que canalizaban el agua necesaria como fuerza motriz. Estas infraestructuras, con posibles antecedentes romanos, formaban parte de un sistema hidráulico diseñado para la producción agrícola y la actividad manufacturera.

En el contexto de la conquista cristiana de Ronda en 1485, las crónicas mencionan los molinos como elementos fundamentales para la defensa y el abastecimiento de la ciudad. Tras la toma de la plaza, fueron redistribuidos entre instituciones religiosas, hospitales y propietarios privados, según lo registrado en los libros de Repartimiento. La regulación de estas instalaciones se estableció formalmente en las Ordenanzas de 1568, que fijaban los derechos y deberes de los usuarios del agua, así como las normas para la conservación de acequias y caminos.

En los siglos XVIII y XIX, los molinos mantuvieron su relevancia como centros de producción. Según los registros de 1861, existían en Ronda 19 molinos harineros y 20 dedicados a actividades como la producción de aceite o el curtido de pieles. La infraestructura incluía también caminos y albacares que facilitaban el acceso y protegían los recursos. Durante esta etapa, algunos propietarios destacaron por la modernización de las instalaciones, como la familia Sanguinetti, que gestionaba la fábrica de Nuestra Señora de la Concepción.

La llegada de la electricidad a Ronda en 1905 marcó un punto de inflexión en el uso de los molinos del Tajo. La Empresa Rondeña de Electricidad, conocida popularmente como “La Luz de Don Camilo”, adaptó el Molino de San Miguel como la primera central eléctrica de la ciudad. Este proyecto reutilizó las infraestructuras hidráulicas existentes, como las acequias de origen andalusí o romano, para generar energía mediante la fuerza del agua del río Guadalevín.

En 1917, un desprendimiento de rocas destruyó varias estructuras de los molinos, lo que contribuyó al inicio de su declive. Posteriormente, en 1926, la Compañía Sevillana de Electricidad adquirió los molinos restantes y sus terrenos circundantes, instalando una nueva central hidroeléctrica que integró el caudal del río mediante un sistema de represas, balsas de derivación y tuberías forzadas. Estas obras, que incluyeron importantes desafíos logísticos, consolidaron la generación de electricidad en la región.

En los años 40, la construcción de una nueva central hidroeléctrica optimizó el suministro eléctrico para la ciudad, aunque la central del Molino de San Miguel fue desmantelada tras su abandono. Las cubiertas de los edificios fueron retiradas, acelerando su deterioro, pero el legado del sistema eléctrico vinculado a los molinos del Tajo permanece como un testimonio de la evolución energética e industrial de Ronda.

En la actualidad, los molinos harineros del Tajo son testigos de la evolución histórica de Ronda, desde la época andalusí hasta la industrialización. Los restos conservados, como las acequias, caminos y estructuras hidráulicas, constituyen un testimonio material que refleja la interacción entre el aprovechamiento del agua, la producción agrícola y la industria en un entorno geográfico específico.e del terreno y los recursos hídricos en un modelo eficiente de aprovechamiento del agua.

La Asociación para la Promoción y Desarrollo de la Serranía de Ronda impulsa la iniciativa de los Molinos del Tajo

Asociación Molinos del Tajo

Email: info@molinosdeltajo.org

Dirección: Plaza Palacio Mondragón. Ronda 29400 (Málaga)

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